sábado, 1 de noviembre de 2008

¡La guerra haitiana!

Aristófanes Urbáez - 11/1/2008


A Kenia Polanco.

Kenia Polanco, mi compañera de TV, me decía que sentía pena por los haitianos perseguidos por turbas que les quemaron sus ranchos en Guayubín. Le dije que ese mismo día, mi ocoeño preferido, Felipe Ciprián, que parece que nos comunicamos por telepatía, escribió un artículo sobre el tema que me hizo brotar dos lágrimas, pero que -y lo dije en el aire- la ruindad mayor se incuba en las llamadas “masas”, porque el que no tiene valor; junto, escondido, en grupo, en el anonimato, sí le sale; y que todos no somos iguales porque en la época de Balaguer me tropecé en el Cruce de Palo Alto (el pueblo de Vianelo Perdomo) con un redondel de unas de 18 cuerdas de alambres de púas lleno de haitianos que parecían reses. Aunque el carro no era mío, me desmonté y me enfrasqué en una discusión con dos soldados que vigilaban, a quienes les dije que los que ordenaron hacer la cerca para meter esos haitianos ahí eran unos hijos de malas madres; que si eran animales, que el abuso no podía llegar a esos extremos. Uno de los guardias, alegando que él cumplía órdenes, me apuntó no sé si con un fusil Fal o una Carabina, y estoy vivo hoy porque todos los vendedores de tilapias se acercaron, y un viejo de Fundación, me agarró por el brazo y me dijo que si yo no era el hijo de Emperatriz, el que escribía en los periódicos, que por favor, pensara en mi madre. Y así soy yo (yo no sé otro); pero el abuso y el maltrato se multiplican en el mundo porque no tenemos el valor para enfrentarlos. ¿Cómo diablos podía uno reaccionar ante un drama tan vergonzoso, propio de los siglos de la esclavitud? Creo que el encargado de aquella repatriación de haitianos era un subsecretario de Trabajo de apellido Bobadilla. Y ahí es que está la diferencia entre los que quieren resolver los problemas con Haití, los que buscan fórmulas civilizadas, a la luz del Derecho y de los derechos humanos; y los que sólo hablan, muchos de los cuales pasaron por la Cancillería y lo que hicieron fue lucrarse con el negocio de traer esos infelices al lado Este (“Al este del Edén”, como la hermosa novela del Nóbel californiano John Steinbeck, también autor de “La Perla”).

3.- PARA QUE CONTINUEMOS, esos dominicanos, tal como dice Felipe Ciprián, que persiguieron a los haitianos para darles muerte y les quemaron sus propiedades, no debieron hacer eso, porque crímenes como el del motorista lo cometen criollos todos los días; pero ellos actuaron como “Masa” (no la de Vallejo), guiados por los instintos más primitivos y la sed irracional de venganza (“Tan imbéciles son las izquierdas como las derechas”, decía Ortega y Gasset). Pero esas tragedias se producen en Haití contra los dominicanos, y hoy las cometen en Europa los fanáticos del fútbol o “hooligan”, que se trasladan de Inglaterra a Alemania, a Francia o a Italia, sólo para tener bronca con los seguidores de los equipos contrarios y patearles sus cabezas, algo que horrorizaba a Toñito Zaglul. Y sólo entre el Este del Congo, Uganda, Ruanda y Burundi (todos prietos) hubo un millón de muertos y un millón de mutilados. Y esto lo digo para ilustrar el Kosovo que podríamos tener aquí si no abordamos con seriedad el problema haitiano. El primer aspecto del problema, ya que está aquí (porque los malos dominicanos hicieron que se agrave por dinero y negocio o por desidia), es el que platea la ley dialéctica “de los cambios cuantitativos en cualitativos, y viceversa”: si seguimos permitiendo que entre la cantidad de haitianos que lo hacen a diario, la guerra racial es inevitable desde que las poblaciones estén más parejas. Las mismas potencias que quieren la “fusión”, buscarán los medios para armar a los haitianos para esa guerra. Tal y como dice el general Soto Jiménez, la Patria nace en la Frontera, en Capotillo, y sólo si el país mantiene la “superioridad militar” se puede evitar esa guerra. No importa lo que aleguen los “sargentos políticos de Haití”, como afirma Euclides Gutiérrez, por un lado, y Federico Henríquez Gratereaux, por el otro: somos pueblos de idiosincrasias distintas: lengua, religión, costumbres y cultura, incluida la visión filosófica del mundo. Haití nunca tuvo Zona Colonial. Aunque la intención sea loable (que yo lo dudo) no podemos juntar el aceite y el agua so pena de acarrear un conflicto tipo Runda y Burundi, el Congo y Uganda, Sri Lanka, Georgia o Timor Oriental. Quien diga lo contrario, está disparatando y no entiende nada del problema. Juntarnos, es provocar la “guerra de colores”, como la llamó Simón Bolívar, que es la peor de todas las guerras, aunque todas, según el general Sherman, el héroe de Ohio, “son un infierno”.

3.- NO PODEMOS CHUPARNOS el dedo: la denuncia de Balaguer es cierta: Francia, EEUU, Canadá, Bélgica y Gran Bretaña, consideran que el drama haitiano se resuelve con la fusión, algo inaceptable siempre por los dominicanos. Y lo demuestran cuando les prestarán 54 mil millones de U$ a Hungría y le regalan mil millones (un billón) a Georgia (para que provoque a los rusos), mientras en las decenas de reuniones que ofrecieron ayuda a Haití, no han cumplido. Haití ni es un Estado, ni es un país, porque no tiene instituciones; no tiene aparato productivo y no tiene agricultura para dar de comer a 8 millones de hambrientos. Por tanto, no es verdad que nos está exportando agricultores: nos está enviando marginales, delincuentes, callejeros y ‘malvivientes’ viciosos y vendedores de drogas, que tienen sembrada la psicología de la violencia (sólo hay que visitar un hospital grande para que veamos cuántos haitianos heridos (machos y hembras), más centenares de parturientas). Y eso: ¡que son los dominicanos quienes los esclavizan! En vez de decir que Leonel es un humanista, el PRD y sus vagones dicen que es el responsable de la ‘haitianización’ (parece que los haitianos piensan lo contrario, porque lo quisieron matar en Haití, y los legisladores lo “desautorizaron” para que pidiera ayuda para ellos). Como Haití no produce nada, sólo un rancio y mal entendido nacionalismo, debe ser tomado en fideicomiso por las potencias y convertido en un “puerto libre”, tipo Hong Kong, y una gran zona franca. Y a los dominicanos que nos apretemos los cinturones porque Barack Obama, está apoyado por el “caucus” (negros, mulatos y latinos), con sus cabilderos, que harán toda la presión del mundo para que el nuevo presidente de EEUU nos sancione por esclavistas.



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