El Gobierno no debería prestar más atención de la cuenta al velatorio poselectoral que pretende prolongar el PRD con la intención de que con el tiempo los deudos olviden el nombre del difunto y extravíen las razones del deceso, porque está compelido a emplear cada minuto del resto de su gestión a sanear la economía e impulsar vitales proyectos de desarrollo aun en carpeta.
El ambiente económico mundial ha vuelto a enrarecerse con las crisis financieras de Grecia, España, Portugal e Irlanda, cuyo impacto zarandea a la Zona Euro y a toda la Unión Europea, mientras que la economía estadounidense creció en el primer tercio del ano por debajo de lo previsto.
A ese malestar se unen otros dolores de cabeza de carácter geopolítico, que trastornan los mercados financieros, como son la crisis de la Península de Corea, los problemas de Irán, los conflictos en Irak y Afganistán y las dificultades para conseguir paz duradera entre Israel y palestina.
Aunque a simple vista el panorama económico nacional luce despejado, el Gobierno no debería confiarse demasiado porque a nivel global persisten nubarrones que podrían ensombrecer a más de la mitad del planeta, incluido esta media isla.
La crisis de Grecia debería servir de espejo, guía y referencia sobre qué hacer y qué no hacer cuando se navega a mar abierto y con alerta de tormentas, porque hasta mediado del ano pasado Europa dormía tranquila sin imaginarse que Atenas era una bomba de tiempo, que había acumulado una deuda externa de más de 400 mil millones de euros.
El monto de la deuda de Grecia equivale al 115 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), a pesar de que el máximo tolerado por el Acuerdo de Maastricht es de un 60% del PIB. Igual ocurre con su déficit fiscal que alcanza un 12.7 del PIB, cuando el tope es de un 3.0%.
No resulta cómodo comparar la economía nacional con la griega, toda vez que la deuda externa dominicana no llega al 20% del PIB y la deuda pública global, es de un 30% en relación al Producto, pero es saludable que el Gobierno mire ese drama, para evitar cometer similares errores.
Un dato interesante en torno a las causas de la crisis de Grecia, es el que se refiere a su baja recaudación fiscal, que apena alcanzó un 4.7 por ciento del PIB, comparado con el 8.0 % del resto de Europa, lo que quiere decir que la evasión tributaria ha sido parte esencial del problema.
El Gobierno está en deber de monitorear el volumen y calidad del Gasto Público a los fines de controlar el déficit fiscal, incrementar las recaudaciones por vía de reducir la evasión fiscal, atraer inversiones no especulativas y consolidar su política monetaria moderada, preventiva y estimulante de la expansión de las actividades productivas. Lo demás viene por añadidura.
El ambiente económico mundial ha vuelto a enrarecerse con las crisis financieras de Grecia, España, Portugal e Irlanda, cuyo impacto zarandea a la Zona Euro y a toda la Unión Europea, mientras que la economía estadounidense creció en el primer tercio del ano por debajo de lo previsto.
A ese malestar se unen otros dolores de cabeza de carácter geopolítico, que trastornan los mercados financieros, como son la crisis de la Península de Corea, los problemas de Irán, los conflictos en Irak y Afganistán y las dificultades para conseguir paz duradera entre Israel y palestina.
Aunque a simple vista el panorama económico nacional luce despejado, el Gobierno no debería confiarse demasiado porque a nivel global persisten nubarrones que podrían ensombrecer a más de la mitad del planeta, incluido esta media isla.
La crisis de Grecia debería servir de espejo, guía y referencia sobre qué hacer y qué no hacer cuando se navega a mar abierto y con alerta de tormentas, porque hasta mediado del ano pasado Europa dormía tranquila sin imaginarse que Atenas era una bomba de tiempo, que había acumulado una deuda externa de más de 400 mil millones de euros.
El monto de la deuda de Grecia equivale al 115 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), a pesar de que el máximo tolerado por el Acuerdo de Maastricht es de un 60% del PIB. Igual ocurre con su déficit fiscal que alcanza un 12.7 del PIB, cuando el tope es de un 3.0%.
No resulta cómodo comparar la economía nacional con la griega, toda vez que la deuda externa dominicana no llega al 20% del PIB y la deuda pública global, es de un 30% en relación al Producto, pero es saludable que el Gobierno mire ese drama, para evitar cometer similares errores.
Un dato interesante en torno a las causas de la crisis de Grecia, es el que se refiere a su baja recaudación fiscal, que apena alcanzó un 4.7 por ciento del PIB, comparado con el 8.0 % del resto de Europa, lo que quiere decir que la evasión tributaria ha sido parte esencial del problema.
El Gobierno está en deber de monitorear el volumen y calidad del Gasto Público a los fines de controlar el déficit fiscal, incrementar las recaudaciones por vía de reducir la evasión fiscal, atraer inversiones no especulativas y consolidar su política monetaria moderada, preventiva y estimulante de la expansión de las actividades productivas. Lo demás viene por añadidura.
http://elnacional.com.do/opiniones/2010/5/29/49874/A-rajatabla
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